miércoles, 15 de noviembre de 2006

Edipo Rey

SÓFOCLES
Entre 596 y 494

Edipo Rey



Respondió el oráculo divino a Layo, rey de Tebas que no debía tener hijos, aunque tanto los anhelaba. Si llegaba a tenerlos, un hijo sería su propio matador y se uniría en maridaje con la madre. No hicieron caso Layo y Yocasta de tal oráculo.
Les nació un niño y, para evadir el destino, mandaron que fuera arrojado a la montaña de Citerón, con unos ganchos atravesados en los pies. La orden fue cumplida. Pero el pastor encargado de hacerlo, tuvo piedad del infante y lo regaló a otro pastor. Era éste de Corinto y regaló la criatura a Pólibo, rey de su ciudad, el cual, sin hijos hacía tiempo, anhelaba tenerlos. Lo crió como suyo con grande amor y, en recuerdo de su aventura le puso el nombre de Edipo, o sea, “pies hinchados”. Acaso el nombre mismo movió su curiosidad y la ajena.
Un día oyó decir que no era hijo de Pólibo , sino un recogido. No pudo quedar tranquilo hasta no ir a Delfos a consultar el oráculo. Nada le respondió al punto preguntado. En cambio, le anuncio que mataría a su padre y se uniría con su propia madre. Para evitar ambas monstruosas ocurrencias huyó de Corinto y vagó a la aventura. Llegaba cerca de Tebas cuando en un camino se encontró con el rey Layo y por altercado de cesión de paso, hubo una lucha que terminó con la muerte de este rey. Siguió su camino el joven y en él topó con la Esfinge, la venció en la solución de sus enigmas y la mató. Librada Tebas de este monstruo, hizo rey a Edipo y lo movió a casarse con la reina viuda Yocasta. Se cumplió así el oráculo en todo. No tardó en correr el rumor de haberse realizado la profecía. Hizo el rey por saber la verdad. La descubrió al fin. El, desesperado, se sacó los ojos; su mujer y madre, se colgó de una viga de su cámara nupcial.

Sófocles. Las siete tragedias. Ed. Porrúa. México. 2005